Confieso que he pecado
   

Si padre, lo admito, este último domingo he pecado.
Junto a otros veintitrés delincuentes he mancillado la tierra con mi arma destructora. El grupo de desalmados hemos roto el equilibrio del Alto Tajo a lomos de nuestras infernales monturas.

¿Se recuperará el Bullones de los estragos causados por el paso continuado de tanto macarra motorizado?

¿Y el Gallo, tendrá capacidad de regeneración?

¿Y los jabalises? ¿Criarán de nuevo o quedarán infértiles hasta su extinción?

La rodada que quedó tras mi caída al engancharme con la megahiperecologista valla cinegética de los cohones ¿desaparecerá algún día o será una prueba del carácter destructivo del ser humano para los investigadores de los próximos milenios?

Espero con desasosiego la penitencia más que merecida.

En mi descargo considere mis pocas luces. Mire si seré cortito que en un descuido tres delincuentes quedamos descolgados del grupo. ¿Puede creer que fuimos incapaces de encontrar las huellas de los otros veinte ecoterroristas que nos precedían?

Padre, sea clemente, por favor.

A.Corsino

 
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